Capítulo cuarto
Parecía que aquella habitación no volvería a ser ocupada cuando dos escasos años después la voz surgida de los carnosos labios de Ángela invadió no solo la habitación, si no toda la casa, la casa entera se lleno de la luz de sus ojos.
Cuando ella entró pareció que un ángel había decidido albergar el lugar…
Dichoso tenía que ser Pablo pues tenía su corazón en una cajita de cristal, que guardaba con celo y besaba cada mañana.
Y cuando sus labios se unían…
El más puro gozo, un hito de placer insostenido que emanaba desde el interior de un volcán… como lava ardiendo recorriendo a la vez que sus manos el dulce cuerpo como azúcar en caña.
Tan grande el sentimiento que cuando unían sus miradas…sus manos, sus cuerpos… el tiempo parecía detenerse y como si cayeran en un agujero espacio-tiempo se colapsaban sus sentidos.
Poco duró tal pasión, después del segundo hijo entró una sirvienta a cuidarlos, pronto aquel cuarto olvidado se convirtió en el lecho de infidelidades ardientes… de encuentros a deshoras… de caricias en la espalda…
Apenas tres años después abandonaron la casa y la muchacha fue despedida.
Aún dejando los suspiros y gemidos impregnados en cada una de las paredes del lugar.

