martes, 3 de junio de 2008

Tras las paredes IV

Capítulo cuarto

Parecía que aquella habitación no volvería a ser ocupada cuando dos escasos años después la voz surgida de los carnosos labios de Ángela invadió no solo la habitación, si no toda la casa, la casa entera se lleno de la luz de sus ojos.

Cuando ella entró pareció que un ángel había decidido albergar el lugar…

Dichoso tenía que ser Pablo pues tenía su corazón en una cajita de cristal, que guardaba con celo y besaba cada mañana.

Y cuando sus labios se unían…

El más puro gozo, un hito de placer insostenido que emanaba desde el interior de un volcán… como lava ardiendo recorriendo a la vez que sus manos el dulce cuerpo como azúcar en caña.

Tan grande el sentimiento que cuando unían sus miradas…sus manos, sus cuerpos… el tiempo parecía detenerse y como si cayeran en un agujero espacio-tiempo se colapsaban sus sentidos.

Poco duró tal pasión, después del segundo hijo entró una sirvienta a cuidarlos, pronto aquel cuarto olvidado se convirtió en el lecho de infidelidades ardientes… de encuentros a deshoras… de caricias en la espalda…

Apenas tres años después abandonaron la casa y la muchacha fue despedida.

Aún dejando los suspiros y gemidos impregnados en cada una de las paredes del lugar.






jueves, 29 de mayo de 2008

Tras las paredes III

Capitulo tercero

Pocos años después de la muerte de sus inquilinos la casa fue ocupada por una extraña familia-

Una mujer entrada en canas que apenas si alcanzaba a moverse ocupó la habitación.

No se podía saber ciertamente si la familia había caído en la pobreza o simplemente no les importaba que la mujer se ahogase en la miseria.

Un triste camastro en una esquina con unas cortinas granates adoseladas y una sencilla mesita al lado de la cama era lo único que ocupaba el lugar.

La incómoda moqueta volvía a ocupar el suelo.

En su breve estancia, pues murió si, apenas si pronunció una sola palabra más que cuando Laura su hija prohibió al cura pasar por su lecho de muerte, entonces exclamó un “Apiádate de mí.”

Al morir apenas pasada la misa Laura mandó quemar sus pocas pertenencias y cuando su marido aludió el velatorio enfureció así que sin ni siquiera un último adiós se tapió la tumba.

La venganza del cielo cayó sobre ella cuando su lengua impidió el paso del aire sus pulmones.





(Un caxito mas de la historia con la que comence el Blog!)

domingo, 11 de mayo de 2008

Paula y Ana IV

Capítulo 4

La patada en la puerta la despertó de su ensimismamiento, la mesa no aguantaría mucho más, estaba atrapada.

Cuan estúpida había sido al meterse allí, se había acorralado ella misma y el dolor era insoportable.

Inspeccionó la cocina con la mirada, una salida, necesitaba una salida.

Nada.

PAM.

Otra patada a la puerta, esta empezaba a resquebrajarse.

Tenía que salir de allí, se acercó a un ventanuco e intentó abrirla, pero como si de una película de terror se tratara, si es que no lo era, la ventana se resistía a abrirse.

Cuando oyó la puerta saltar de sus briznes no dudó en romper el cristal de la ventana.

Se cortó de nuevo, no importaba.

-Vamos sal putita.

Con todas sus fuerzas se apeó al alfeizar y saltó, la sangre impregnaba su camino de huida, pero ello no impidió que continuara corriendo.

Se internó en el bosque, como debía haber echo de un principio.

Tropezó. ¿Un arañazo más?

Que importaba, huir era lo único importante.

¡PAM! Cientos de pájaros sobre su cabeza.

Corre ana corre, por lo que más quieras.

No había escapatoria, el bosque se hacía más denso, y no cesaba de sangrar.

Su vista comenzaba a nublarse, sus piernas flaqueaban, tenía que huir.

Sus ojos se detuvieron ante un gran árbol, de esos huecos, no creía su suerte, iba a esconderse, avanzó hacia el lugar pero…

De nuevo había caído.

A su mente vino la imagen de Fernando desangrándose, y de ella riendo, riendo pues acababa con su rival.

Ahora era ella la que moría. ¿Estaba Carlos riendo?

No.

No podía levantarse, quería comprobar si Carlos reía, era necesario, tenía que saberlo.

No podía respirar cada bocanada de aire inundaba de sangre sus pulmones.

¿¿Dónde estas Puta??

¿Por qué te escondes?

No te haré daño!! No más del que tu le hiciste a mi hermano!

Pero no tendría oportunidad de hacerle daño.

Ana no veía más que sombras, su nublada vista ya no solo difuminaba las imágenes si no que las oscurecía hasta desaparecer en la noche.

Tenía que llegar al árbol, tenía que…

-¡No! ¿Qué has hecho? Abre los ojos!!

¡Necesitaba vengarme! Sucia perra, te desangraste antes de que te alcanzara!!!





Fín

(Estoy pensando en poner más cosas aparte de relatos... pero bueno todo depende de las ganas jeje)

Paula y Ana III

Capitulo 3

Saltó y fue directa hacía la pequeña caseta abandonada a unos metros de allí.

Empujó la puerta y entró, no había más que una mesa para atrancar la puerta, sus fuerzas desfallecían pero lo consiguió y se escondió bajo la pila de la cocina, entre tuberías y trapos enmohecidos, su entrecortada respiración la delataba y el dolor punzante de la pierna la desesperaba.

Al saltar la tapia, ese pequeño muro que él mismo había mandado construir años atrás para evitar intrusos, solo vio el pequeño bosque, no reparó si quiera en la caseta, pensando que no sería tan tonta de acorralarse allí.

Pero al adentrarse al bosque escuchó el ruido de la mesa al desplazarse.

Y una sádica sonrisa apareció en sus carnosos labios.

De pronto Ana recordó otro fragmento del motivo por el que se encontraba allí.

Aquella fiesta… nadie sabía lo que realmente sentía por Paula, jamás lo hubiese imaginado nadie, que tras aquella inocente amistad se pudiera esconder algo.

Pero Paula no lo sabía, ni siquiera se le había ocurrido que su amiga del alma pudiera estar enamorada de ella, por eso no frenó a Fernando cuando este se acercó a su cuello y comenzó a besarlo, suavemente al principio, bajando poco a poco…

Ana que ya sabía que este estaba esperando su oportunidad, encendió su mirada al ver que iba hacía Paula, pero tenía otras cosas en mente.

Estaba preparando el momento de contárselo todo, irían ala playa al acabar la fiesta, quizás antes, ya tenía las toallas e incluso se había tomado la molestia de coger un bañador para cada una, aunque no pensara usarlo claro…

De pronto, al acercarse en busca de Paula no la encontró, no podía ser, quizás estuviera en el lavabo…

No hizo más que preguntar, pero nadie sabía responderle.

La ira le corría por las venas, ya no había sangre en ellas, solo ira y temor, tenía que encontrarla, el cava se calentaría…

Al preguntarle a Carlos, este no pudo si no que esbozar una amplia sonrisa, al comunicarle que al parecer cupido había estado ocupado.

Casi gritó de rabia y recorrió todos los rincones, las habitaciones, baños, ¡No estaba!

Salió a fuera y… no podía ser, ellos no estarían en…

Corrió hacía la playa, y los encontró allí en sus toallas, bebiendo su cava, retozando en la orilla, pero algo iba mal, Paula le gritaba que parara, pero ya era tarde.

Ana con el mayor ataque de celos que jamás hubiese tenido se abalanzó como una posesa encima de Fernando, asiendo la botella de cava y rompiéndola en su cráneo… oyendo huesos crujir, pero eso no era suficiente, clavó la botella rota en el vientre de este, una y otra vez hasta que Paula chilló tan fuerte que fue imposible no oírla.

Paró, y cayó en la arena agotada, una sonrisa se dibujaba en sus labios.

domingo, 30 de marzo de 2008

Paula y Ana II

Capitulo 2

No podía reaccionar, los músculos se negaban a ponerse en marcha.

Escuchó pasos y su mano se despegó del pomo y…

Corrió, bajó las escaleras como nunca lo había hecho, saltó la última tanda de golpe cuando oyó que la puerta se abría.

Los gritos sonaban a sus espaldas, ni siquiera les prestó atención, su meta era la puerta… pero estaba demasiado lejos y las piernas de su agresor eran mucho más largas y musculosas.

Cuando algo le agarró de la camiseta no dudó en descargar un palazo con todas sus fuerzas en la cabeza de quien fuera.

Más sorprendido que dolorido la soltó tapándose el chorro de sangre que emanaba su frente.

Ella no dudó en correr hasta la puerta, abrirla y…correr, correr… cuando de pronto la idea de escapar de Carlos fue una idiotez al deslumbrar los dos enormes Pitbulls que se acercaban con ojos furibundos.

No podía echarse atrás ahora, debía correr, pero la verja se antojaba cada vez más lejos y los perros eran enormes, de pronto recordó sus pies, descalzos, había pisado algo y sangraban, sabía que eso no hacía más que atraerlos.

Carlos ya no importaba, no había cesado la persecución, pero ahora había pasado a un segundo plano.

Cuando uno de los enormes canes agarró su pierna con sus tremendas mandíbulas entrenadas para desgarrar, hundió las afiladas tijeras en el cuello del animal, una vez y otra, pero no conseguía deshacerse de él, el otro ejemplar a punto de atacarla olió la sangre fresca de Carlos, su amo.

Pero ya nada importaba, daba igual que él fuese su amo, su dueño, su señor, sus instintos primarios se apoderaron de él y a punto estuvo de arrancarle la mano, cuando este disparó al aire y huyó despavorido, casi al mismo tiempo que el otro desfallecía ante Ana.

Se levantó desenfrenada y llorando lo que bien podrían haber sido lágrimas de sangre, se abalanzó hacia el muro.

No sabía si alegrarse de que gracias al disparo la fiera había huido o si gritar hasta desfallecer al pensar que iba armado.

martes, 25 de marzo de 2008

Paula y Ana


(Otra historia, esta la escribí hace mil pero bueno por poner alguna que tengo esto abandonaditoo)



Capitulo 1


Subiendo los peldaños de aquella fría escalera, helándose no solo los pies, sino parte del alma al pensar en lo que se encontraría al final de esta.
Los gritos de aquella habitación eran demasiados estruendosos como para poder entender lo que decían, tan solo un pequeño murmullo débil se escuchaba tras estos, eran de alguien pidiendo clemencia, perdón, por algo que probablemente no había ocurrido, que tan solo existía en la mente de quien le acosaba.

Ya estaba casi al final de la escalera, y comenzaba a deslumbrar la fina línea de luz por debajo de la puerta y las inteligibles palabras comenzaron a sonar mas claras:
-¡Puta! Lo hiciste tú y lo sabes, ¡No lo niegues!

Un pinchazo de culpabilidad le recorrió el espinazo, acababa de comprender lo que estaba pasando, pero casi no lo creía, pensaba que todo estaba ya en el olvido, que nadie removería los recuerdos.

Una nítida imagen se formó en su mente…

-Paula, no le diremos a nadie lo que pasó y todo se olvidará.
-Pero él lo sabrá, lo descubrirá ¡y vendrá a buscarnos!- dijo una desesperada Paula.
-Es imposible que sepa quien ha sido, además todo a sido un accidente, yo no lo pretendía hacer, ¡lo hice para defenderte!
-¡Está muerto!
-¡Pero te atacó! Se lo merecía.
-¡No!
No podía parar de llorar, y en realidad al volver ala realidad enormes lágrimas anegaban su rostro.

Tenía que ayudar a Paula, tenía que hacerlo, ella le cubrió una vez…. ¡Tenia que hacerlo!
¿Pero como?
Si entraba en aquel cuarto desprotegida, estaría perdida, la ira de aquel ser parecía enorme, años de dolor acumulados, de no saber quien había sido, de comprender que todo había sido un engaño, mentiras, traición.
Que el hombro sobre el que había llorado, el que había mojado con sus lágrimas inocentes, pertenecía a quien había provocado las lágrimas.

Bajó de nuevo las escaleras, quizás en el resto de la casa encontrara algo que le sirviera para reducirlo, no estaba segura de si al llegar fuera demasiado tarde, pero corrió todo lo que le permitieron sus piernas.
Frenéticamente recorrió la casa y alcanzó un palo de golf, y unas tijeras, nada mejor… quería un cuchillo pero no tenía tiempo que perder.
Subió de dos en dos los peldaños y cuando ya estaba a punto de atravesar la puerta lo escuchó.
Su mano se quedó congelada en el pomo.

-Vamos puta ¿¿¿de verdad no fuiste tu??? ¿¿¿Y quien fue entonces?? !!Quien le mató!!
Te creo si dices que no fuiste tu, no eres lo suficiente inteligente para hacerlo, pero puta ¡di quien fue o te degollaré aquí mismo!

-¡FUE ANA! ¡Y ESTÁ EN LA PUERTA! ¡FUE ELLA! ¡MÁTALA!




martes, 11 de marzo de 2008

Mi historia de amor IX

9 Parte

Ahora han pasado quince años, Ismael, sería tan feliz si pudiera ver como avanza le mundo…

Pero el no se entera de nada y yo cada vez me siento más débil… así que así es como acabamos los seres inmortales… dormidos para siempre… respirando tan solo lo suficiente para que nuestro corazón no deje de latir.

Siento necesidad de estirarme a su lado, sé que terminaré igual que él… pero entonces ¿Quien nos cuidará? Eso no importa ya, apenas puedo escribir, en estos últimos instantes me e decidido a contar nuestra historia de amor, pues una vez duerma no sé si seré capaz de volver a despertar.

He cerrado con llave todo y permanezco en el sótano de la casa, ojala nadie queme estos sucios papeles, y ahora…

-Ismael, déjame abrazarte y espérame allí donde estés… porque esta vez nadie nos podrá separar.



Y.... Fín de la historia

ya ire poniendo más aunque solo sea para Sandra que es la unica que lee mis tostones^^ jejeje


besitosss

domingo, 9 de marzo de 2008

Mi historia de amor VIII

8 Parte

Durante la inquisición quise morir, la represión era insoportable, pero sabía que era imposible, no podía realizar nada si la supervisión de un hombre, ahora lo necesitaba, pero no era capaz de encontrarle, no me imaginaba mi vida con otro hombre a mi lado, sabía que fui tonta al abandonarle… pero también sabía que estaba condenada a buscar su alma toda la eternidad.

Entonces escuché de un hombre, un pintor y escultor que hacía las más maravillosas obras cristianas que jamás nadie pudo imaginar, que plasmaba extrañas escenas, pero que la perfección, los trazos, las ideas eran imposibles de mejorar, me informe de su nombre, Da Vinci.

Lo busqué, por aquel entonces era un mecenas del rey, supe que era él solo con ver su Última Cena.

Nadie en el mundo que no hubiera vivido en la época de nuestro Señor hubiera sido capaz de plasmar así esa mirada, su mirada de perdón, de compasión…

Nadie, nadie excepto… era él… lo sabía, esta vez no lo dejaría escapar…

-Vaya me dijo al verme, - has tardado más de lo que imaginaba en topar conmigo.

Me lancé a sus pies como una chiquilla y le juré que jamás nadie nos separaría, nos fuimos de allí y vivimos en paz, durante años en los que el mundo comenzaba a cambiar a pasos agigantados…

Ese día que apareció con aquel coche negro… dispuesto a llevarme “a toda velocidad” a cualquier lugar que yo deseara.

Y aquel crack del 29 donde observamos como nuestros ahorros invertidos desaparecían, aunque ello no significaba una gran perdida, pues durante aquellos siglos habíamos almacenado suficiente dinero para vivir toda la eternidad.

Me asustaban las guerras en que con extraños aparatos voladores arrasaban países enteros.

Le pedí refugiarnos de todo, quería vivir en algún lugar donde no hubiera televisores que nos acercaran a las noticias de política.

Vivíamos llenos de comodidades y lujos, apartados de todo.

Éramos tan jóvenes como cuando nos miramos a los ojos por primera vez, salvo que nuestra piel se había aclarado, no mucho, pero era evidente que el sol ya no nos oscurecía la piel.

Ismael, pasaba largas horas encerrado, rodeado de libros y lienzos que pintar, hasta que una noche desperté y fui a buscarle, quería pedirle que fuéramos a alguna isla abandonada de vacaciones, sería nuestro regalo de… ¿Aniversario? Que más daba. Entré sigilosa, pero algo fallaba, no capté ningún sonido, ningún sentimiento, ninguna sensación, sabía que estaba allí, pero ¡No mostraba signos vitales!

Corrí hacia él, no lo podía creer, no podía estar muerto, no podía…

Y no lo estaba, pero estaba dormido… solo que en un sueño tan profundo que no podía despertar.

En vano lo intenté, pero había caído en una especie de coma.

Desde entonces lo mantengo en su lecho con dosel, en sus aposentos tan bien cuidados por mi misma que nadie diría que allí yace alguien dormido, más bien creerían que mantengo a algún dios en custodia.

domingo, 2 de marzo de 2008

Mi historia de amor VII

7 Parte

No le dejé hablar, nuestros labios se unieron y allí mismo dejé que me poseyera.

No hicieron falta explicaciones, huimos de allí como pudimos, de noche cuando éramos más ágiles.

Supe que tenía los mismos poderes que yo, solo que yo era un poco más ágil, pues me había pasado los últimos siglos vagando en la oscuridad de la noche, mientras que el nunca había dejado atrás la luz del sol… lo cual explicaba su bronceada piel.

Supe su historia, lo dieron por muerto en la batalla, pero entonces escapó, antes de que recontaran los cadáveres por ello jamás apareció en ningún listado… una noche huyó a Mesopotámia y por el oriente inició su viaje hasta convertirse en el discípulo de su señor.

Al cual en un ataque de locura había entregado, pero no pudo soportarlo y decidió quitarse la vida, pero claro, no lo había conseguido.

Creí que en cuanto nuestros labios se unieran caería un rayo y moriríamos, pues más o menos así había sido el pacto… pero nada de eso ocurrió.

Nos trasladamos a Roma y allí vivimos en paz durante años, jóvenes, al menos de aspecto y porque no, apasionados.

Pero después de medio siglo, todo empezó a cambiar, se iba durante noches enteras, me desesperaba, tres años después desapareció.

Y yo me negué a vivir durante un tiempo.

Hasta que por fin comprendí que debía olvidarle y proseguir con mi larga vida.

Me cambié de residencia e inicié una nueva vida, hice grandes amigos, filósofos, científicos…me enseñaron más de lo que podía comprender y así viví en paz hasta que la religión cristiana comenzó a denominarnos paganos y a atrapar a todo aquel que desmintiera las sagradas escrituras.

Cuando atraparon a Galileo fui yo quien me colé en sus aposentos y salvé uno de sus manuscritos, de esos que ahora conserva el vaticano como obras de arte, como si no hubieran asesinado ellos mismos a sus escritores.

Supe años más tarde que Ismael seguía adorando cambiar de nombre, y que ahora era un gran filósofo, fui a visitarlo, le pedí explicaciones.

¿Porque me había abandonado?

Me dijo que no lo sabía, pero que seguía amándome, me pidió que me quedara con él, y eso es lo que hice… al menos durante unas semanas, pero entonces yo era libre… y huí no podía estar a su lado.

lunes, 25 de febrero de 2008

Mi historia de amor VI

6 Parte

Entonces en esos tiempos comencé a escuchar voces de un Mesías en Jerusalén…

No creía ya en dioses que me salvaran, pero había escuchado hablar tan bien de aquel hombre… y sus discípulos lo seguían allá a donde fuera.

Creí que ya estaba todo acabado para mí, había desistido en mi búsqueda, e incluso había intentado suicidarme pero era imposible… quizás si aceptaba aquel dios… me ayudaría, decían que era benevolente y que perdonaba todos los pecados, quería convertirme en su discípula aunque sabía lo difícil que ello sería.

Me trasladé hacía la Tierra Prometida como ellos la llamaban y cuando comencé mi búsqueda preguntando por ellos un vecino me señaló a un hombre que justo entraba en una casa acompañado de unos romanos.

Me giré para verlo y entonces me quedé petrificada…, aunque sus ropajes me intentaran engañar… su rubia cabellera… sus manos… se giró un momento antes de cerrar la puerta como para vigilar que nadie le observara… y entonces supe que era él.

-¡Ismael!- grité con todas mis fuerzas, pero dos hombres me sujetaron, allí no había ningún Ismael, ¿Acaso estaba loca?

- Ese hombre es Judas Iscariote- y además estaba prohibido gritar en esos días pues según su calendario se encontraban en pascua.

No entendí nada, me hospedé en la ciudad… tenía que volver a verlo… quizás fuera algún descendiente o quizás…

Hasta días más tarde no tuve noticias de lo que estaba pasando, se armó un gran revuelo. ¡Los romanos habían atrapado al Mesías!

No entendía nada, entonces me acerqué y vi la gran procesión arrastrando Jesús, la enorme cruz… y nadie se acercaba ayudarle, usé mis habilidades y me acerqué a él, me quité el velo que me cubría la cabeza, pues tuve que adoptar sus costumbres y le limpié el sudor de la frente, no se atrevieron a detenerme, me miró agradecido, concediéndome el perdón de todos mis males con la mirada. Sentí el mundo caer a mis pies, y entonces un soldado me empujó y caí inconsciente, al despertar le di el velo a su madre me dirigí al monte en el que agonizaba en la cruz…

Nadie encontraba a sus discípulos que se habían escondido y predicaban en la clandestinidad, solo uno de ellos apareció… se había ahorcado en su propio terreno… lo dieron por muerto y lo dejaron allí… era el traidor y no se merecía ningún perdón… aunque sabían que Jesús hubiera desaprobado esto.

Me acerqué desesperada, sabía que la soga no lo había matado, pues ni el más letal veneno había parado mi corazón, en efecto solo estaba inconsciente, lo bajé y me escondí en un sepulcro allí despertó y me miró a los ojos:

- Ismael…

Me contestó en griego

–Eres tú…

jueves, 21 de febrero de 2008

Mi historia de amor V

5 Parte

Aunque mi padre había luchado por que yo lo heredara todo, y durante meses bien gestioné… las autoridades me dieron un ultimátum, no lo podía creer, o me casaba o mi herencia iría al Estado…

Renegué de todo, casi fue mejor así, ya nada me retenía a aquel lugar, comencé a vagar de un lugar a otro… conocía gente… me instalaba en casas… que más tarde vendía, las paredes me atrapaban y yo odiaba sentirme retenida, vivía de noche, pues sentía que de día las luces me señalaban y condenaban por haber dejado morir todo por lo que mi padre tanto había luchado.

Así pasé los siguientes veinte años… hasta que decidí volver, Aneo el gran amigo de mi padre se sorprendió al verme, pero aún más su mujer… dijo que mi piel estaba tan tersa como cuando marché, me pidió el secreto, era imposible… y tenía razón… no había reparado en ello hasta ese momento… Pero al parecer no había pasado el tiempo por mí… con más de cuarenta años mi piel no había sufrido el mínimo cambio.

Por aquel entonces yo ya sabía de muchos de los efectos que había tenido aquel pacto con el Diablo…y supe que no moriría ni envejecería hasta que encontrara a Ismael… pero ¿El hechizo le habría afectado también a él?

Descubrí a su familia, pero nadie conocía su paradero desde que fue a la guerra… quizás lo atraparan los bárbaros…

Fui por salvajes territorios… recorrí aldeas de caníbales… e incluso participé en alguno de sus ritos.

De tanto en tanto volvía a mi ciudad, que por cierto cambiaba por momentos, nuevos mandatarios… nuevos vecinos… ya no quedaba nadie que hubiera conocido en mi juventud, había pasado más de un siglo y mi nombre ya había sido olvidado, pasaba por alguna nieta, aunque lo que ellos no sabían es que al parecer mi secreto de eterna juventud me había convertido en estéril.

Roma prosperaba y civilizaba a los Bárbaros, así viajé por el antiguo Egipto en decadencia, por siria… por Iberia, por la Galia

jueves, 14 de febrero de 2008

Mi historia de amor IV

4 Parte

No tardé en percatarme de que no solo mi estado de salud había mejorado, si no que mis cinco sentidos se habían agudizado como si de una gata salvaje se tratara.

Veía perfectamente de noche y podía escuchar cualquier sonido a quilómetros de distancia, incluso aunque todavía no era capaz de leer los pensamientos si que podía percatarme de el mayor sentimiento… la ira, el temor…

No podía comunicárselo a nadie pues no tardarían en enviarme a algún sanatorio mental alegando que enloquecí viendo heridas de guerra.

Pero yo sabía que no era verdad, que aquella oscura noche algo me había hecho cambiar.

Me sentía mejor de noche, cuando la oscuridad ocultaba mis felinos movimientos, escapaba y deambulaba durante horas por la ciudad, esta vez ningún soldado podría sorprenderme pues yo era mucho más ágil que ellos. Me convertí en un ser de la noche.

Una de esas noches, un asaltador se coló en casa y a sangre fría rasgó la yugular a mi madre, y hirió de muerte a mi padre, solo por robar algún saco de oro, a mi no me pudo encontrar… claro que no. Al volver lo vi todo, creí enloquecer vinieron a tiempo para salvar a mi padre… pero no pudo soportarlo… el gran amor de su vida ya no estaba… no pudo soportar no volver a verla y una noche se encerró en sus aposentos entre los ropajes de su amada y se bebió el veneno más potente que pudo conseguir.

Entonces fue cuando por primera vez utilicé mis nuevos poderes por llamarlos de alguna forma para ejercer el mal.

Durante noches lo busqué y al encontrarle vi como se bebía en vino el oro de mis padres, como reía mientras tonteaba con alguna fulana.

No lo iba a permitir, a la noche siguiente me acerqué vestida con mis mejores galas, y tímidamente le pedí al oído si podía ayudarme, había salido a pasear y no encontraba el camino de vuelta a casa… pude sentir su mayor sentimiento… ¡Excitación! Sabía que su intención no era ayudarme, ni no violarme en cuanto tuviera la oportunidad, pero yo contaba con que eso no ocurriría pues sería yo quien le engañase, le indiqué mi dirección y cuando él me llevó a un oscuro callejón yo me despojé de mis ropajes y tan rápida que ni siquiera pudo detenerme le acorralé contra una de las paredes… me miró horrorizado, mis ojos enfurecidos echaban chispas de fuego.

Le susurré al oído el nombre de mi padre, le vacíe los bolsillos, y sin que pudiera si quiera vaticinar lo que ocurriría le corté la lengua, y lo dejé caer, pero me aseguré de permanecer a su lado hasta se desangró.

Entonces salí de allí nadie sospecharía jamás lo que había pasado, supondrían que esta vez había elegido mal a quien robar, nadie pensó que no se lo merecía.

Volví a casa, saboreando el placer de la venganza y de la sangre…

martes, 12 de febrero de 2008

Mi historia de amor III

3 Parte

Después de aquel encuentro fui noche tras noche a aquel lugar, pero jamás volvió a cruzarse en mi camino, tan solo supe a través de contactos de mi padre en el ejército, que se llamaba Ismael, y que para mi desgracia había tenido que ir al frente, la guerra iba a estallar y yo sentí como quería gritar, pero tuve que hacerme la indiferente, tan solo pregunté por él pues quería enterarme de quien era el soldado que casi me detiene… o al menos de eso convencí a mi amado padre.

Pasaron los meses y día tras día iba a comprobar los listados de heridos… quizás tuvieran que atenderle en algún hospital.

Para condena de mi padre conseguí hacerme enfermera voluntaria, y no tardé en ir al lugar donde esperaba encontrarle, allí pasé los siguientes meses… pero jamás apareció, el día de mi 21 cumpleaños apareció mi padre, me suplicó que volviera… al parecer las otras voluntarias les habían informado de que me estaba volviendo loca, que gritaba un nombre en sueños y que día tras día recorría las listas de desaparecidos, que no eran pocos los días en que la fiebre no me dejaba levantarme del lecho, pero aún así les suplicaba a ellas que lo buscaran…y fue en una de esas noches, en que la fiebre me nublaba la visión y que me hacía ver oscuras visiones, cuando me levanté como levitando del lecho y salí a la intemperie, y allí en lo alto de la colina, donde se luchaba, entre los dos frentes grité a Belcebú, al Diablo, le supliqué a él, ya que mis Dioses no me habían escuchado, le supliqué que me devolviera a Ismael, le supliqué que no nos dejara morir hasta que nuestros labios se hubieran topado.

De pronto un relámpago se congelo en el aire, envolviéndome… entonces me sentí renacer… y caí.

Cuando Leonora me encontró dijo que estaba desnuda allí en medio, tirada, creyeron que algún soldado depravado me había violado, pero comprobaron que no tenía un solo rasguño…supusieron que en mis delirios había huido del refugio.

No sabían que mi estado de salud se había tornado perfecto en un instante, y acudieron a mi padre.

Así que después de dos años de búsqueda acepté volver con él.

sábado, 9 de febrero de 2008

Mi historia de amor II

2 Parte

Todo empezó mucho antes de que aquel al que adoráis todas las noches buenas pisara la tierra.

Entonces yo era una muchacha que vivía en la antigua Grecia, mis padres tenían una buena posición y su hija o sea yo tenía una buena educación, aunque eso no era lo normal, las mujeres no solíamos ser educadas al igual que los hombres, pero mi madre no podía tener más hijos y el amor de mi padre hacia ella era tan grande que no quiso volverse a casar para conseguir tener un varón de descendencia, si no que hizo que los mejores filósofos me dieran clase y fuese yo, su adorada hija fruto del amor la que siguiera la estirpe familiar.

Cada día venían a casa varios maestros de los cuales aprendí el arte de la escritura y más tarde la ciencia me cautivó… no os imagináis lo que sentí cuando la iglesia enterró todos los conocimientos que durante siglos los griegos habían adquirido, mi alma se partió en dos cuando filósofos como Galileo fueron encarcelados… pero bueno eso es otra historia que quizás relate más adelante.

Ahora quería contaros como conocí a Ismael, el más bello soldado de todo el imperio.

Sus raíces célticas le habían proporcionado una larga melena rubia y unos ojos verdes en los cuales podías perderte y no volver jamás a respirar.

Su cuerpo estaba bien formado debido a los entrenamientos del ejército.

Un día había quedado a medianoche con Fariseo, mi profesor de astronomía para observar la colocación de las estrellas, así que salí en su encuentro cuando alguien me detuvo, no sabía quien era yo por supuesto, era muy extraño encontrar una muchacha sola en la intemperie de la noche.

Cuando me pidió explicaciones levanté el rostro para ver bien a aquel que me detenía y quizás excusarme porque tenía prisa, pero de pronto al encontrarme con su mirada mis palabras se atascaron en mi garganta, no podía articular palabra.

Al parecer algo parecido estaba ocurriendo en su interior pues por unos instantes que se antojaron eternos en que nuestras miradas se encontraron, las chispas que saltaron debieron de quemarme el vestido.

De pronto apareció Fariseo e interrumpió las escena, le dijo al joven soldado quien era yo y entonces él sin apenas poder decir nada se disculpó y se fue alejando.

Así fue como me enamoré, y así fue como perdí de vista a aquel que sería el amor de mi vida… al menos durante los próximos 2 siglos, que fueron los que tardé en encontrarle de nuevo.

viernes, 8 de febrero de 2008

Mi historia de amor.

1 Parte

La historia de amor más bonita que jamás nadie pudo contar, una historia tan profunda que jamás siquiera se pudo imaginar, esa fue la mía.

No me importa que vuestros pensamientos se centren en algún bonito recuerdo de amor y piensen que estoy loca, que exagero… pues mi historia no se acerca a ninguna de las vuestras, ni si quiera por asomo, pues yo no soy como vosotros, ni mi amor… ni siquiera sé si puedo contaros esto, pensaréis que es una simple novela de amor, inventada por alguna muchacha con demasiada imaginación…

Pero os aseguro que lo que os voy a contar no es ningún relato de ficción… si no mi vida.








domingo, 27 de enero de 2008

Tras las paredes II

Capítulo Segundo


Una joven entró.
Palpando las paredes...
Chocó contra una de las pequeñas camas abandonadas, se asustó por el ruido. pero apenas un segundo después hizo una mueca, ya estaba acostumbrada a ello.

Palpó la cama... lo que le causó un estremecimiento...
Mandó sacas aquellas camas, le daban un mal presentimiento.

Después de palpar las paredes y los apenas muebles abandonados se descalzó y paseó por la moqueta sus bonitos pies descalzos.

Sus hábiles manos abrieron la ventana aunque las roídas cortinas casi se deshicieron en sus manos.

No se atrevieron a tirar los camastros, pero sí a llevarlos a un viejo desván.

En su lugar apareció un amplio diván del mismo color de la sangre, los muebles extrañamente pequeños fueron substituidos por un tocador con marcos dorados, el espejo brillaba.

Una amplia alfombra cubrió la áspera moqueta.

A Sophie le gustaba pasear sus pies desnudos...acariciar todo por donde pisara.
No había relatos en el lugar, ni libros...
Aunque en el escritorio había lápices de todos los colores, y cuadernos repletos de extraños garabatos.
El único libro aparentemente era una pequeña biblia.

Se despertó apesadumbrada... pesadillas extrañas... algo se le abalanzaba, pero no conseguía distinguir nada.
!Maldita ceguera!

Se levantó pesarosa y se sentó frente al espejo.

Estaba pálida, aunque sus ojos lechosos no pudieron comprobarlo.
La ventana estaba entreabierta... Pensaba haberla cerrado.

Corrió las cortinas y se echó sobre el diván. Su larga cabellera rojiza hizo simbiosis con el sangriento sofá.

Algunas tardes acudía al lugar un extraño cura que le hacía orar durante horas.
Le hablaba de Dios... de un Dios con mayusculas, de su poder... de su creación. De los hombres, de sus hazañas...
Del amor que sentían...
Peor también del odiom de la guerra de las que cosas que "Gracias a Dios" Según él. Sophie jamás comprobaría con sus propios ojos.

A veces le hablaba de Cristo, de todo lo que hizo y de su pasión, del dolor...

Dolor... tanto dolor como el que sentía ella, sin entenderlo, dolor sin marcas... dolor de soledad, de no poder huir, de no poder volar.

A veces cuando hablaba con su hermana le contaba sus pensamientos, su soledad.
Un día de esos que Sophie pasaba apoyada en la ventana sintiendo la suave brisa apareció Alice y de la mano se la llevó, le dijo que había tenido una gran idea..

Cuando volvió estaba radiante, le agradecía a su hermana haberla llevado allí.

Al parecer la había acompañado a un club de lectura, aunque al principio pensó que era una estupidez ¿Que haría ella allí?
Pero después de pasar la tarde, oyéndolos a todos, las historias, sus diversas opiniones cada una más interesante que la anterior.

Sus voces... sentía deseos de sentirles... de rozar sus rostros y sus manos... tocarles.


Deseaba que fuese ya el siguiente jueves para volver a aquel club al que con tanta facilidad le habian admitido.

Las visitas del párroco se volvieron extrañas.
Sophie había abierto su mente a una oleada de ideas que se alejaban quizás de un mundo con un Dios moviendonos como títeres.

Y así se lo intentaba explicar al pobre hombre que después de media docena de visitas le dijo a Alice que su hermana lo que necesitaba no era un cura, sno un exorcista contra ideas paganas.

Alice se disculpó pero no pudo sino sonreir cuando vio la sonrisa de Sophie, era tan bonita... ojalá ella también pudiera verse, sería todo tan diferente.

En vez de echarle la culpa de las malas palabras del hombre le besó en la mejilla y le contó que tenía un vestido perfecto para su reunión de mañana.

Una lágrima ciega cayó por su rostro, pero esta vez no fue de tristeza.

Al cabo de un par de meses ella no dejaba de hablar de Lucas, al parecer un hombre joven al que le encantaba dedicar su tiempo a Sophie.

Al principio Alice se mostró recelosa, pero después de conocerle, de ver su s ojos, su mirada... !Y como la miraba! Había adoración hacia su querida hermana.
Le traía flores, bombones, la llevaba a dar largos paseos por lugares a los que ni siquiera sospechaba que existieses.
Olores dulces, aroma a a flores a canela y a romero.

Cuando Lucas al fín se decidió a pedir la mano de su amada hubo una gran celebracióny pronto el diván, el tocador... fueron substituidos por rudimentarios muebles, la habitación se convirtió en una sala de costura que se utilizó en contadas ocasiones.


Fín capitulo segundo

viernes, 25 de enero de 2008

Tras las paredes

Capítulo Primero


De pronto alguien provocó que la luz inundase aquel lugar.

Apenas las paredes consiguieron parpadear y acomodar su colores a las necesidades de la penetrante luz, golpes de armarios y muebles variados estremecieron la antaño calma reinante del lugar.

- !Un excelente espacio! Si, creo que esta sera la adecuada.
Sin añadir nama más instantes después una señorita con cofia apoyó sus incómodods zapatos de trabajo en la empolvada moqueta de color apenas definible a primera vista.

Dos camas con grandes doseles ocuparon el centro de la estancia y antes de que las marcas de sus patas apareciesen la mujer ya había extendido amplias sábanas blancas que desprendieron un fuerte aroma a marsella.

Las almohadas con sus limpias fundas ocuparon su lugar y mantas rosadas cubrieron la cama.
Alguien llenó de pequeña ropa los cajones... e hizo desaparecer todo rastro de abandono del lugar.

Por último colocó sobre los camastros dos pequeños muñecos de trapo.
Se cerró la puerta... y todo rastro de vitalidad desapareció, la actividad en el resto de la casa no perturbaba la paz de aquellas paredes.

Alguien introdujo algo en la cerradura, de nuevo esta se abría auqnue esta vez sin apenas chirriar.
Dos torbellinos ocuparon con su presencia la estancia al completo. Se la lanzaron hacia sus muñecos y saltaron en la cama.
Pronto la doncella les mandó arreglarse para la cena...


Las aportaban colores al lugar, jugaban, danzaban cogidas de la mano...

A veces estiraban de algún muñeco o lloraban por algún vestido, nada fuera de lo común.

Un día de pronto una de ellas tosió y al abrir los ojos vió a su hermana mirarla asustada...
Tenía las manitas manchadas de sangre.

A partir de entonces todo se emborronó. D e pronto ya no solo la doncella pasaba por el lugar, si no que un gran número de hombres extraños y bien vestidos comenzaron a rondar.

Alguien dijo que llevaran a su hermana a otro lugar, lo que provocó llantos en aquellas niñas unidas desde el vientre de su madre.
Cuando se dieron cuenta del error de no separarlas las dos ya padecían febriles como estaban.

El padre enloqueció y en las noches desde el pequeño cuarto se le oía maldecir su suerte, primero su esposa y ahora sus pequeñas...

-¿Crees que nos pondremos bien?- Le inquiría cada tarde Maddie a Luise, sobre todo cuando la sombra naranja iba desapareciendo y recordaban como su padre las iba a buscar al jardín, las rescataba y las tumbaba en aquellas mismas camas adoseladas.
Pero ahora...

Al cabo de pocas semanas los lamentos eran insoportables, sus pulmones encharcados no les permitían pensar, sus penurias se grababan en las paredes...

La doncella gimoteaba, las niñas que ocn tanto amor había criado... No entendía las palabras que apenas se deducían de entre los términos científicos que los médicos diagnosticaban.

Maddie lloraba a todas horas, era tan grande el dolor...
Se metió en la cama de su hermana casi sin fuerzas para salir de la suya y la abrazó tan fuerte que le dolieron los brazos... y lloraron y los tosidosfueron cesando... el llanto se apagaba...
Y así, abrazadas, de la mano... se entremezclaron sus lágrimas y se cerraron al fin sus ojitos.

El cura solo alcanzó a darles la extremaunción y al abandonar el lugar con los ojos vidriosos solo alcanzó a mascullar una palabra.

-Tuberculosis...

Después de aquello la puerta se clausuró de nuevo.