martes, 3 de junio de 2008

Tras las paredes IV

Capítulo cuarto

Parecía que aquella habitación no volvería a ser ocupada cuando dos escasos años después la voz surgida de los carnosos labios de Ángela invadió no solo la habitación, si no toda la casa, la casa entera se lleno de la luz de sus ojos.

Cuando ella entró pareció que un ángel había decidido albergar el lugar…

Dichoso tenía que ser Pablo pues tenía su corazón en una cajita de cristal, que guardaba con celo y besaba cada mañana.

Y cuando sus labios se unían…

El más puro gozo, un hito de placer insostenido que emanaba desde el interior de un volcán… como lava ardiendo recorriendo a la vez que sus manos el dulce cuerpo como azúcar en caña.

Tan grande el sentimiento que cuando unían sus miradas…sus manos, sus cuerpos… el tiempo parecía detenerse y como si cayeran en un agujero espacio-tiempo se colapsaban sus sentidos.

Poco duró tal pasión, después del segundo hijo entró una sirvienta a cuidarlos, pronto aquel cuarto olvidado se convirtió en el lecho de infidelidades ardientes… de encuentros a deshoras… de caricias en la espalda…

Apenas tres años después abandonaron la casa y la muchacha fue despedida.

Aún dejando los suspiros y gemidos impregnados en cada una de las paredes del lugar.






jueves, 29 de mayo de 2008

Tras las paredes III

Capitulo tercero

Pocos años después de la muerte de sus inquilinos la casa fue ocupada por una extraña familia-

Una mujer entrada en canas que apenas si alcanzaba a moverse ocupó la habitación.

No se podía saber ciertamente si la familia había caído en la pobreza o simplemente no les importaba que la mujer se ahogase en la miseria.

Un triste camastro en una esquina con unas cortinas granates adoseladas y una sencilla mesita al lado de la cama era lo único que ocupaba el lugar.

La incómoda moqueta volvía a ocupar el suelo.

En su breve estancia, pues murió si, apenas si pronunció una sola palabra más que cuando Laura su hija prohibió al cura pasar por su lecho de muerte, entonces exclamó un “Apiádate de mí.”

Al morir apenas pasada la misa Laura mandó quemar sus pocas pertenencias y cuando su marido aludió el velatorio enfureció así que sin ni siquiera un último adiós se tapió la tumba.

La venganza del cielo cayó sobre ella cuando su lengua impidió el paso del aire sus pulmones.





(Un caxito mas de la historia con la que comence el Blog!)

domingo, 11 de mayo de 2008

Paula y Ana IV

Capítulo 4

La patada en la puerta la despertó de su ensimismamiento, la mesa no aguantaría mucho más, estaba atrapada.

Cuan estúpida había sido al meterse allí, se había acorralado ella misma y el dolor era insoportable.

Inspeccionó la cocina con la mirada, una salida, necesitaba una salida.

Nada.

PAM.

Otra patada a la puerta, esta empezaba a resquebrajarse.

Tenía que salir de allí, se acercó a un ventanuco e intentó abrirla, pero como si de una película de terror se tratara, si es que no lo era, la ventana se resistía a abrirse.

Cuando oyó la puerta saltar de sus briznes no dudó en romper el cristal de la ventana.

Se cortó de nuevo, no importaba.

-Vamos sal putita.

Con todas sus fuerzas se apeó al alfeizar y saltó, la sangre impregnaba su camino de huida, pero ello no impidió que continuara corriendo.

Se internó en el bosque, como debía haber echo de un principio.

Tropezó. ¿Un arañazo más?

Que importaba, huir era lo único importante.

¡PAM! Cientos de pájaros sobre su cabeza.

Corre ana corre, por lo que más quieras.

No había escapatoria, el bosque se hacía más denso, y no cesaba de sangrar.

Su vista comenzaba a nublarse, sus piernas flaqueaban, tenía que huir.

Sus ojos se detuvieron ante un gran árbol, de esos huecos, no creía su suerte, iba a esconderse, avanzó hacia el lugar pero…

De nuevo había caído.

A su mente vino la imagen de Fernando desangrándose, y de ella riendo, riendo pues acababa con su rival.

Ahora era ella la que moría. ¿Estaba Carlos riendo?

No.

No podía levantarse, quería comprobar si Carlos reía, era necesario, tenía que saberlo.

No podía respirar cada bocanada de aire inundaba de sangre sus pulmones.

¿¿Dónde estas Puta??

¿Por qué te escondes?

No te haré daño!! No más del que tu le hiciste a mi hermano!

Pero no tendría oportunidad de hacerle daño.

Ana no veía más que sombras, su nublada vista ya no solo difuminaba las imágenes si no que las oscurecía hasta desaparecer en la noche.

Tenía que llegar al árbol, tenía que…

-¡No! ¿Qué has hecho? Abre los ojos!!

¡Necesitaba vengarme! Sucia perra, te desangraste antes de que te alcanzara!!!





Fín

(Estoy pensando en poner más cosas aparte de relatos... pero bueno todo depende de las ganas jeje)

Paula y Ana III

Capitulo 3

Saltó y fue directa hacía la pequeña caseta abandonada a unos metros de allí.

Empujó la puerta y entró, no había más que una mesa para atrancar la puerta, sus fuerzas desfallecían pero lo consiguió y se escondió bajo la pila de la cocina, entre tuberías y trapos enmohecidos, su entrecortada respiración la delataba y el dolor punzante de la pierna la desesperaba.

Al saltar la tapia, ese pequeño muro que él mismo había mandado construir años atrás para evitar intrusos, solo vio el pequeño bosque, no reparó si quiera en la caseta, pensando que no sería tan tonta de acorralarse allí.

Pero al adentrarse al bosque escuchó el ruido de la mesa al desplazarse.

Y una sádica sonrisa apareció en sus carnosos labios.

De pronto Ana recordó otro fragmento del motivo por el que se encontraba allí.

Aquella fiesta… nadie sabía lo que realmente sentía por Paula, jamás lo hubiese imaginado nadie, que tras aquella inocente amistad se pudiera esconder algo.

Pero Paula no lo sabía, ni siquiera se le había ocurrido que su amiga del alma pudiera estar enamorada de ella, por eso no frenó a Fernando cuando este se acercó a su cuello y comenzó a besarlo, suavemente al principio, bajando poco a poco…

Ana que ya sabía que este estaba esperando su oportunidad, encendió su mirada al ver que iba hacía Paula, pero tenía otras cosas en mente.

Estaba preparando el momento de contárselo todo, irían ala playa al acabar la fiesta, quizás antes, ya tenía las toallas e incluso se había tomado la molestia de coger un bañador para cada una, aunque no pensara usarlo claro…

De pronto, al acercarse en busca de Paula no la encontró, no podía ser, quizás estuviera en el lavabo…

No hizo más que preguntar, pero nadie sabía responderle.

La ira le corría por las venas, ya no había sangre en ellas, solo ira y temor, tenía que encontrarla, el cava se calentaría…

Al preguntarle a Carlos, este no pudo si no que esbozar una amplia sonrisa, al comunicarle que al parecer cupido había estado ocupado.

Casi gritó de rabia y recorrió todos los rincones, las habitaciones, baños, ¡No estaba!

Salió a fuera y… no podía ser, ellos no estarían en…

Corrió hacía la playa, y los encontró allí en sus toallas, bebiendo su cava, retozando en la orilla, pero algo iba mal, Paula le gritaba que parara, pero ya era tarde.

Ana con el mayor ataque de celos que jamás hubiese tenido se abalanzó como una posesa encima de Fernando, asiendo la botella de cava y rompiéndola en su cráneo… oyendo huesos crujir, pero eso no era suficiente, clavó la botella rota en el vientre de este, una y otra vez hasta que Paula chilló tan fuerte que fue imposible no oírla.

Paró, y cayó en la arena agotada, una sonrisa se dibujaba en sus labios.

domingo, 30 de marzo de 2008

Paula y Ana II

Capitulo 2

No podía reaccionar, los músculos se negaban a ponerse en marcha.

Escuchó pasos y su mano se despegó del pomo y…

Corrió, bajó las escaleras como nunca lo había hecho, saltó la última tanda de golpe cuando oyó que la puerta se abría.

Los gritos sonaban a sus espaldas, ni siquiera les prestó atención, su meta era la puerta… pero estaba demasiado lejos y las piernas de su agresor eran mucho más largas y musculosas.

Cuando algo le agarró de la camiseta no dudó en descargar un palazo con todas sus fuerzas en la cabeza de quien fuera.

Más sorprendido que dolorido la soltó tapándose el chorro de sangre que emanaba su frente.

Ella no dudó en correr hasta la puerta, abrirla y…correr, correr… cuando de pronto la idea de escapar de Carlos fue una idiotez al deslumbrar los dos enormes Pitbulls que se acercaban con ojos furibundos.

No podía echarse atrás ahora, debía correr, pero la verja se antojaba cada vez más lejos y los perros eran enormes, de pronto recordó sus pies, descalzos, había pisado algo y sangraban, sabía que eso no hacía más que atraerlos.

Carlos ya no importaba, no había cesado la persecución, pero ahora había pasado a un segundo plano.

Cuando uno de los enormes canes agarró su pierna con sus tremendas mandíbulas entrenadas para desgarrar, hundió las afiladas tijeras en el cuello del animal, una vez y otra, pero no conseguía deshacerse de él, el otro ejemplar a punto de atacarla olió la sangre fresca de Carlos, su amo.

Pero ya nada importaba, daba igual que él fuese su amo, su dueño, su señor, sus instintos primarios se apoderaron de él y a punto estuvo de arrancarle la mano, cuando este disparó al aire y huyó despavorido, casi al mismo tiempo que el otro desfallecía ante Ana.

Se levantó desenfrenada y llorando lo que bien podrían haber sido lágrimas de sangre, se abalanzó hacia el muro.

No sabía si alegrarse de que gracias al disparo la fiera había huido o si gritar hasta desfallecer al pensar que iba armado.

martes, 25 de marzo de 2008

Paula y Ana


(Otra historia, esta la escribí hace mil pero bueno por poner alguna que tengo esto abandonaditoo)



Capitulo 1


Subiendo los peldaños de aquella fría escalera, helándose no solo los pies, sino parte del alma al pensar en lo que se encontraría al final de esta.
Los gritos de aquella habitación eran demasiados estruendosos como para poder entender lo que decían, tan solo un pequeño murmullo débil se escuchaba tras estos, eran de alguien pidiendo clemencia, perdón, por algo que probablemente no había ocurrido, que tan solo existía en la mente de quien le acosaba.

Ya estaba casi al final de la escalera, y comenzaba a deslumbrar la fina línea de luz por debajo de la puerta y las inteligibles palabras comenzaron a sonar mas claras:
-¡Puta! Lo hiciste tú y lo sabes, ¡No lo niegues!

Un pinchazo de culpabilidad le recorrió el espinazo, acababa de comprender lo que estaba pasando, pero casi no lo creía, pensaba que todo estaba ya en el olvido, que nadie removería los recuerdos.

Una nítida imagen se formó en su mente…

-Paula, no le diremos a nadie lo que pasó y todo se olvidará.
-Pero él lo sabrá, lo descubrirá ¡y vendrá a buscarnos!- dijo una desesperada Paula.
-Es imposible que sepa quien ha sido, además todo a sido un accidente, yo no lo pretendía hacer, ¡lo hice para defenderte!
-¡Está muerto!
-¡Pero te atacó! Se lo merecía.
-¡No!
No podía parar de llorar, y en realidad al volver ala realidad enormes lágrimas anegaban su rostro.

Tenía que ayudar a Paula, tenía que hacerlo, ella le cubrió una vez…. ¡Tenia que hacerlo!
¿Pero como?
Si entraba en aquel cuarto desprotegida, estaría perdida, la ira de aquel ser parecía enorme, años de dolor acumulados, de no saber quien había sido, de comprender que todo había sido un engaño, mentiras, traición.
Que el hombro sobre el que había llorado, el que había mojado con sus lágrimas inocentes, pertenecía a quien había provocado las lágrimas.

Bajó de nuevo las escaleras, quizás en el resto de la casa encontrara algo que le sirviera para reducirlo, no estaba segura de si al llegar fuera demasiado tarde, pero corrió todo lo que le permitieron sus piernas.
Frenéticamente recorrió la casa y alcanzó un palo de golf, y unas tijeras, nada mejor… quería un cuchillo pero no tenía tiempo que perder.
Subió de dos en dos los peldaños y cuando ya estaba a punto de atravesar la puerta lo escuchó.
Su mano se quedó congelada en el pomo.

-Vamos puta ¿¿¿de verdad no fuiste tu??? ¿¿¿Y quien fue entonces?? !!Quien le mató!!
Te creo si dices que no fuiste tu, no eres lo suficiente inteligente para hacerlo, pero puta ¡di quien fue o te degollaré aquí mismo!

-¡FUE ANA! ¡Y ESTÁ EN LA PUERTA! ¡FUE ELLA! ¡MÁTALA!




martes, 11 de marzo de 2008

Mi historia de amor IX

9 Parte

Ahora han pasado quince años, Ismael, sería tan feliz si pudiera ver como avanza le mundo…

Pero el no se entera de nada y yo cada vez me siento más débil… así que así es como acabamos los seres inmortales… dormidos para siempre… respirando tan solo lo suficiente para que nuestro corazón no deje de latir.

Siento necesidad de estirarme a su lado, sé que terminaré igual que él… pero entonces ¿Quien nos cuidará? Eso no importa ya, apenas puedo escribir, en estos últimos instantes me e decidido a contar nuestra historia de amor, pues una vez duerma no sé si seré capaz de volver a despertar.

He cerrado con llave todo y permanezco en el sótano de la casa, ojala nadie queme estos sucios papeles, y ahora…

-Ismael, déjame abrazarte y espérame allí donde estés… porque esta vez nadie nos podrá separar.



Y.... Fín de la historia

ya ire poniendo más aunque solo sea para Sandra que es la unica que lee mis tostones^^ jejeje


besitosss