jueves, 29 de mayo de 2008

Tras las paredes III

Capitulo tercero

Pocos años después de la muerte de sus inquilinos la casa fue ocupada por una extraña familia-

Una mujer entrada en canas que apenas si alcanzaba a moverse ocupó la habitación.

No se podía saber ciertamente si la familia había caído en la pobreza o simplemente no les importaba que la mujer se ahogase en la miseria.

Un triste camastro en una esquina con unas cortinas granates adoseladas y una sencilla mesita al lado de la cama era lo único que ocupaba el lugar.

La incómoda moqueta volvía a ocupar el suelo.

En su breve estancia, pues murió si, apenas si pronunció una sola palabra más que cuando Laura su hija prohibió al cura pasar por su lecho de muerte, entonces exclamó un “Apiádate de mí.”

Al morir apenas pasada la misa Laura mandó quemar sus pocas pertenencias y cuando su marido aludió el velatorio enfureció así que sin ni siquiera un último adiós se tapió la tumba.

La venganza del cielo cayó sobre ella cuando su lengua impidió el paso del aire sus pulmones.





(Un caxito mas de la historia con la que comence el Blog!)

domingo, 11 de mayo de 2008

Paula y Ana IV

Capítulo 4

La patada en la puerta la despertó de su ensimismamiento, la mesa no aguantaría mucho más, estaba atrapada.

Cuan estúpida había sido al meterse allí, se había acorralado ella misma y el dolor era insoportable.

Inspeccionó la cocina con la mirada, una salida, necesitaba una salida.

Nada.

PAM.

Otra patada a la puerta, esta empezaba a resquebrajarse.

Tenía que salir de allí, se acercó a un ventanuco e intentó abrirla, pero como si de una película de terror se tratara, si es que no lo era, la ventana se resistía a abrirse.

Cuando oyó la puerta saltar de sus briznes no dudó en romper el cristal de la ventana.

Se cortó de nuevo, no importaba.

-Vamos sal putita.

Con todas sus fuerzas se apeó al alfeizar y saltó, la sangre impregnaba su camino de huida, pero ello no impidió que continuara corriendo.

Se internó en el bosque, como debía haber echo de un principio.

Tropezó. ¿Un arañazo más?

Que importaba, huir era lo único importante.

¡PAM! Cientos de pájaros sobre su cabeza.

Corre ana corre, por lo que más quieras.

No había escapatoria, el bosque se hacía más denso, y no cesaba de sangrar.

Su vista comenzaba a nublarse, sus piernas flaqueaban, tenía que huir.

Sus ojos se detuvieron ante un gran árbol, de esos huecos, no creía su suerte, iba a esconderse, avanzó hacia el lugar pero…

De nuevo había caído.

A su mente vino la imagen de Fernando desangrándose, y de ella riendo, riendo pues acababa con su rival.

Ahora era ella la que moría. ¿Estaba Carlos riendo?

No.

No podía levantarse, quería comprobar si Carlos reía, era necesario, tenía que saberlo.

No podía respirar cada bocanada de aire inundaba de sangre sus pulmones.

¿¿Dónde estas Puta??

¿Por qué te escondes?

No te haré daño!! No más del que tu le hiciste a mi hermano!

Pero no tendría oportunidad de hacerle daño.

Ana no veía más que sombras, su nublada vista ya no solo difuminaba las imágenes si no que las oscurecía hasta desaparecer en la noche.

Tenía que llegar al árbol, tenía que…

-¡No! ¿Qué has hecho? Abre los ojos!!

¡Necesitaba vengarme! Sucia perra, te desangraste antes de que te alcanzara!!!





Fín

(Estoy pensando en poner más cosas aparte de relatos... pero bueno todo depende de las ganas jeje)

Paula y Ana III

Capitulo 3

Saltó y fue directa hacía la pequeña caseta abandonada a unos metros de allí.

Empujó la puerta y entró, no había más que una mesa para atrancar la puerta, sus fuerzas desfallecían pero lo consiguió y se escondió bajo la pila de la cocina, entre tuberías y trapos enmohecidos, su entrecortada respiración la delataba y el dolor punzante de la pierna la desesperaba.

Al saltar la tapia, ese pequeño muro que él mismo había mandado construir años atrás para evitar intrusos, solo vio el pequeño bosque, no reparó si quiera en la caseta, pensando que no sería tan tonta de acorralarse allí.

Pero al adentrarse al bosque escuchó el ruido de la mesa al desplazarse.

Y una sádica sonrisa apareció en sus carnosos labios.

De pronto Ana recordó otro fragmento del motivo por el que se encontraba allí.

Aquella fiesta… nadie sabía lo que realmente sentía por Paula, jamás lo hubiese imaginado nadie, que tras aquella inocente amistad se pudiera esconder algo.

Pero Paula no lo sabía, ni siquiera se le había ocurrido que su amiga del alma pudiera estar enamorada de ella, por eso no frenó a Fernando cuando este se acercó a su cuello y comenzó a besarlo, suavemente al principio, bajando poco a poco…

Ana que ya sabía que este estaba esperando su oportunidad, encendió su mirada al ver que iba hacía Paula, pero tenía otras cosas en mente.

Estaba preparando el momento de contárselo todo, irían ala playa al acabar la fiesta, quizás antes, ya tenía las toallas e incluso se había tomado la molestia de coger un bañador para cada una, aunque no pensara usarlo claro…

De pronto, al acercarse en busca de Paula no la encontró, no podía ser, quizás estuviera en el lavabo…

No hizo más que preguntar, pero nadie sabía responderle.

La ira le corría por las venas, ya no había sangre en ellas, solo ira y temor, tenía que encontrarla, el cava se calentaría…

Al preguntarle a Carlos, este no pudo si no que esbozar una amplia sonrisa, al comunicarle que al parecer cupido había estado ocupado.

Casi gritó de rabia y recorrió todos los rincones, las habitaciones, baños, ¡No estaba!

Salió a fuera y… no podía ser, ellos no estarían en…

Corrió hacía la playa, y los encontró allí en sus toallas, bebiendo su cava, retozando en la orilla, pero algo iba mal, Paula le gritaba que parara, pero ya era tarde.

Ana con el mayor ataque de celos que jamás hubiese tenido se abalanzó como una posesa encima de Fernando, asiendo la botella de cava y rompiéndola en su cráneo… oyendo huesos crujir, pero eso no era suficiente, clavó la botella rota en el vientre de este, una y otra vez hasta que Paula chilló tan fuerte que fue imposible no oírla.

Paró, y cayó en la arena agotada, una sonrisa se dibujaba en sus labios.