domingo, 30 de marzo de 2008

Paula y Ana II

Capitulo 2

No podía reaccionar, los músculos se negaban a ponerse en marcha.

Escuchó pasos y su mano se despegó del pomo y…

Corrió, bajó las escaleras como nunca lo había hecho, saltó la última tanda de golpe cuando oyó que la puerta se abría.

Los gritos sonaban a sus espaldas, ni siquiera les prestó atención, su meta era la puerta… pero estaba demasiado lejos y las piernas de su agresor eran mucho más largas y musculosas.

Cuando algo le agarró de la camiseta no dudó en descargar un palazo con todas sus fuerzas en la cabeza de quien fuera.

Más sorprendido que dolorido la soltó tapándose el chorro de sangre que emanaba su frente.

Ella no dudó en correr hasta la puerta, abrirla y…correr, correr… cuando de pronto la idea de escapar de Carlos fue una idiotez al deslumbrar los dos enormes Pitbulls que se acercaban con ojos furibundos.

No podía echarse atrás ahora, debía correr, pero la verja se antojaba cada vez más lejos y los perros eran enormes, de pronto recordó sus pies, descalzos, había pisado algo y sangraban, sabía que eso no hacía más que atraerlos.

Carlos ya no importaba, no había cesado la persecución, pero ahora había pasado a un segundo plano.

Cuando uno de los enormes canes agarró su pierna con sus tremendas mandíbulas entrenadas para desgarrar, hundió las afiladas tijeras en el cuello del animal, una vez y otra, pero no conseguía deshacerse de él, el otro ejemplar a punto de atacarla olió la sangre fresca de Carlos, su amo.

Pero ya nada importaba, daba igual que él fuese su amo, su dueño, su señor, sus instintos primarios se apoderaron de él y a punto estuvo de arrancarle la mano, cuando este disparó al aire y huyó despavorido, casi al mismo tiempo que el otro desfallecía ante Ana.

Se levantó desenfrenada y llorando lo que bien podrían haber sido lágrimas de sangre, se abalanzó hacia el muro.

No sabía si alegrarse de que gracias al disparo la fiera había huido o si gritar hasta desfallecer al pensar que iba armado.

martes, 25 de marzo de 2008

Paula y Ana


(Otra historia, esta la escribí hace mil pero bueno por poner alguna que tengo esto abandonaditoo)



Capitulo 1


Subiendo los peldaños de aquella fría escalera, helándose no solo los pies, sino parte del alma al pensar en lo que se encontraría al final de esta.
Los gritos de aquella habitación eran demasiados estruendosos como para poder entender lo que decían, tan solo un pequeño murmullo débil se escuchaba tras estos, eran de alguien pidiendo clemencia, perdón, por algo que probablemente no había ocurrido, que tan solo existía en la mente de quien le acosaba.

Ya estaba casi al final de la escalera, y comenzaba a deslumbrar la fina línea de luz por debajo de la puerta y las inteligibles palabras comenzaron a sonar mas claras:
-¡Puta! Lo hiciste tú y lo sabes, ¡No lo niegues!

Un pinchazo de culpabilidad le recorrió el espinazo, acababa de comprender lo que estaba pasando, pero casi no lo creía, pensaba que todo estaba ya en el olvido, que nadie removería los recuerdos.

Una nítida imagen se formó en su mente…

-Paula, no le diremos a nadie lo que pasó y todo se olvidará.
-Pero él lo sabrá, lo descubrirá ¡y vendrá a buscarnos!- dijo una desesperada Paula.
-Es imposible que sepa quien ha sido, además todo a sido un accidente, yo no lo pretendía hacer, ¡lo hice para defenderte!
-¡Está muerto!
-¡Pero te atacó! Se lo merecía.
-¡No!
No podía parar de llorar, y en realidad al volver ala realidad enormes lágrimas anegaban su rostro.

Tenía que ayudar a Paula, tenía que hacerlo, ella le cubrió una vez…. ¡Tenia que hacerlo!
¿Pero como?
Si entraba en aquel cuarto desprotegida, estaría perdida, la ira de aquel ser parecía enorme, años de dolor acumulados, de no saber quien había sido, de comprender que todo había sido un engaño, mentiras, traición.
Que el hombro sobre el que había llorado, el que había mojado con sus lágrimas inocentes, pertenecía a quien había provocado las lágrimas.

Bajó de nuevo las escaleras, quizás en el resto de la casa encontrara algo que le sirviera para reducirlo, no estaba segura de si al llegar fuera demasiado tarde, pero corrió todo lo que le permitieron sus piernas.
Frenéticamente recorrió la casa y alcanzó un palo de golf, y unas tijeras, nada mejor… quería un cuchillo pero no tenía tiempo que perder.
Subió de dos en dos los peldaños y cuando ya estaba a punto de atravesar la puerta lo escuchó.
Su mano se quedó congelada en el pomo.

-Vamos puta ¿¿¿de verdad no fuiste tu??? ¿¿¿Y quien fue entonces?? !!Quien le mató!!
Te creo si dices que no fuiste tu, no eres lo suficiente inteligente para hacerlo, pero puta ¡di quien fue o te degollaré aquí mismo!

-¡FUE ANA! ¡Y ESTÁ EN LA PUERTA! ¡FUE ELLA! ¡MÁTALA!




martes, 11 de marzo de 2008

Mi historia de amor IX

9 Parte

Ahora han pasado quince años, Ismael, sería tan feliz si pudiera ver como avanza le mundo…

Pero el no se entera de nada y yo cada vez me siento más débil… así que así es como acabamos los seres inmortales… dormidos para siempre… respirando tan solo lo suficiente para que nuestro corazón no deje de latir.

Siento necesidad de estirarme a su lado, sé que terminaré igual que él… pero entonces ¿Quien nos cuidará? Eso no importa ya, apenas puedo escribir, en estos últimos instantes me e decidido a contar nuestra historia de amor, pues una vez duerma no sé si seré capaz de volver a despertar.

He cerrado con llave todo y permanezco en el sótano de la casa, ojala nadie queme estos sucios papeles, y ahora…

-Ismael, déjame abrazarte y espérame allí donde estés… porque esta vez nadie nos podrá separar.



Y.... Fín de la historia

ya ire poniendo más aunque solo sea para Sandra que es la unica que lee mis tostones^^ jejeje


besitosss

domingo, 9 de marzo de 2008

Mi historia de amor VIII

8 Parte

Durante la inquisición quise morir, la represión era insoportable, pero sabía que era imposible, no podía realizar nada si la supervisión de un hombre, ahora lo necesitaba, pero no era capaz de encontrarle, no me imaginaba mi vida con otro hombre a mi lado, sabía que fui tonta al abandonarle… pero también sabía que estaba condenada a buscar su alma toda la eternidad.

Entonces escuché de un hombre, un pintor y escultor que hacía las más maravillosas obras cristianas que jamás nadie pudo imaginar, que plasmaba extrañas escenas, pero que la perfección, los trazos, las ideas eran imposibles de mejorar, me informe de su nombre, Da Vinci.

Lo busqué, por aquel entonces era un mecenas del rey, supe que era él solo con ver su Última Cena.

Nadie en el mundo que no hubiera vivido en la época de nuestro Señor hubiera sido capaz de plasmar así esa mirada, su mirada de perdón, de compasión…

Nadie, nadie excepto… era él… lo sabía, esta vez no lo dejaría escapar…

-Vaya me dijo al verme, - has tardado más de lo que imaginaba en topar conmigo.

Me lancé a sus pies como una chiquilla y le juré que jamás nadie nos separaría, nos fuimos de allí y vivimos en paz, durante años en los que el mundo comenzaba a cambiar a pasos agigantados…

Ese día que apareció con aquel coche negro… dispuesto a llevarme “a toda velocidad” a cualquier lugar que yo deseara.

Y aquel crack del 29 donde observamos como nuestros ahorros invertidos desaparecían, aunque ello no significaba una gran perdida, pues durante aquellos siglos habíamos almacenado suficiente dinero para vivir toda la eternidad.

Me asustaban las guerras en que con extraños aparatos voladores arrasaban países enteros.

Le pedí refugiarnos de todo, quería vivir en algún lugar donde no hubiera televisores que nos acercaran a las noticias de política.

Vivíamos llenos de comodidades y lujos, apartados de todo.

Éramos tan jóvenes como cuando nos miramos a los ojos por primera vez, salvo que nuestra piel se había aclarado, no mucho, pero era evidente que el sol ya no nos oscurecía la piel.

Ismael, pasaba largas horas encerrado, rodeado de libros y lienzos que pintar, hasta que una noche desperté y fui a buscarle, quería pedirle que fuéramos a alguna isla abandonada de vacaciones, sería nuestro regalo de… ¿Aniversario? Que más daba. Entré sigilosa, pero algo fallaba, no capté ningún sonido, ningún sentimiento, ninguna sensación, sabía que estaba allí, pero ¡No mostraba signos vitales!

Corrí hacia él, no lo podía creer, no podía estar muerto, no podía…

Y no lo estaba, pero estaba dormido… solo que en un sueño tan profundo que no podía despertar.

En vano lo intenté, pero había caído en una especie de coma.

Desde entonces lo mantengo en su lecho con dosel, en sus aposentos tan bien cuidados por mi misma que nadie diría que allí yace alguien dormido, más bien creerían que mantengo a algún dios en custodia.

domingo, 2 de marzo de 2008

Mi historia de amor VII

7 Parte

No le dejé hablar, nuestros labios se unieron y allí mismo dejé que me poseyera.

No hicieron falta explicaciones, huimos de allí como pudimos, de noche cuando éramos más ágiles.

Supe que tenía los mismos poderes que yo, solo que yo era un poco más ágil, pues me había pasado los últimos siglos vagando en la oscuridad de la noche, mientras que el nunca había dejado atrás la luz del sol… lo cual explicaba su bronceada piel.

Supe su historia, lo dieron por muerto en la batalla, pero entonces escapó, antes de que recontaran los cadáveres por ello jamás apareció en ningún listado… una noche huyó a Mesopotámia y por el oriente inició su viaje hasta convertirse en el discípulo de su señor.

Al cual en un ataque de locura había entregado, pero no pudo soportarlo y decidió quitarse la vida, pero claro, no lo había conseguido.

Creí que en cuanto nuestros labios se unieran caería un rayo y moriríamos, pues más o menos así había sido el pacto… pero nada de eso ocurrió.

Nos trasladamos a Roma y allí vivimos en paz durante años, jóvenes, al menos de aspecto y porque no, apasionados.

Pero después de medio siglo, todo empezó a cambiar, se iba durante noches enteras, me desesperaba, tres años después desapareció.

Y yo me negué a vivir durante un tiempo.

Hasta que por fin comprendí que debía olvidarle y proseguir con mi larga vida.

Me cambié de residencia e inicié una nueva vida, hice grandes amigos, filósofos, científicos…me enseñaron más de lo que podía comprender y así viví en paz hasta que la religión cristiana comenzó a denominarnos paganos y a atrapar a todo aquel que desmintiera las sagradas escrituras.

Cuando atraparon a Galileo fui yo quien me colé en sus aposentos y salvé uno de sus manuscritos, de esos que ahora conserva el vaticano como obras de arte, como si no hubieran asesinado ellos mismos a sus escritores.

Supe años más tarde que Ismael seguía adorando cambiar de nombre, y que ahora era un gran filósofo, fui a visitarlo, le pedí explicaciones.

¿Porque me había abandonado?

Me dijo que no lo sabía, pero que seguía amándome, me pidió que me quedara con él, y eso es lo que hice… al menos durante unas semanas, pero entonces yo era libre… y huí no podía estar a su lado.