Capitulo 2
No podía reaccionar, los músculos se negaban a ponerse en marcha.
Escuchó pasos y su mano se despegó del pomo y…
Corrió, bajó las escaleras como nunca lo había hecho, saltó la última tanda de golpe cuando oyó que la puerta se abría.
Los gritos sonaban a sus espaldas, ni siquiera les prestó atención, su meta era la puerta… pero estaba demasiado lejos y las piernas de su agresor eran mucho más largas y musculosas.
Cuando algo le agarró de la camiseta no dudó en descargar un palazo con todas sus fuerzas en la cabeza de quien fuera.
Más sorprendido que dolorido la soltó tapándose el chorro de sangre que emanaba su frente.
Ella no dudó en correr hasta la puerta, abrirla y…correr, correr… cuando de pronto la idea de escapar de Carlos fue una idiotez al deslumbrar los dos enormes Pitbulls que se acercaban con ojos furibundos.
No podía echarse atrás ahora, debía correr, pero la verja se antojaba cada vez más lejos y los perros eran enormes, de pronto recordó sus pies, descalzos, había pisado algo y sangraban, sabía que eso no hacía más que atraerlos.
Carlos ya no importaba, no había cesado la persecución, pero ahora había pasado a un segundo plano.
Cuando uno de los enormes canes agarró su pierna con sus tremendas mandíbulas entrenadas para desgarrar, hundió las afiladas tijeras en el cuello del animal, una vez y otra, pero no conseguía deshacerse de él, el otro ejemplar a punto de atacarla olió la sangre fresca de Carlos, su amo.
Pero ya nada importaba, daba igual que él fuese su amo, su dueño, su señor, sus instintos primarios se apoderaron de él y a punto estuvo de arrancarle la mano, cuando este disparó al aire y huyó despavorido, casi al mismo tiempo que el otro desfallecía ante Ana.
Se levantó desenfrenada y llorando lo que bien podrían haber sido lágrimas de sangre, se abalanzó hacia el muro.
No sabía si alegrarse de que gracias al disparo la fiera había huido o si gritar hasta desfallecer al pensar que iba armado.

