domingo, 27 de enero de 2008

Tras las paredes II

Capítulo Segundo


Una joven entró.
Palpando las paredes...
Chocó contra una de las pequeñas camas abandonadas, se asustó por el ruido. pero apenas un segundo después hizo una mueca, ya estaba acostumbrada a ello.

Palpó la cama... lo que le causó un estremecimiento...
Mandó sacas aquellas camas, le daban un mal presentimiento.

Después de palpar las paredes y los apenas muebles abandonados se descalzó y paseó por la moqueta sus bonitos pies descalzos.

Sus hábiles manos abrieron la ventana aunque las roídas cortinas casi se deshicieron en sus manos.

No se atrevieron a tirar los camastros, pero sí a llevarlos a un viejo desván.

En su lugar apareció un amplio diván del mismo color de la sangre, los muebles extrañamente pequeños fueron substituidos por un tocador con marcos dorados, el espejo brillaba.

Una amplia alfombra cubrió la áspera moqueta.

A Sophie le gustaba pasear sus pies desnudos...acariciar todo por donde pisara.
No había relatos en el lugar, ni libros...
Aunque en el escritorio había lápices de todos los colores, y cuadernos repletos de extraños garabatos.
El único libro aparentemente era una pequeña biblia.

Se despertó apesadumbrada... pesadillas extrañas... algo se le abalanzaba, pero no conseguía distinguir nada.
!Maldita ceguera!

Se levantó pesarosa y se sentó frente al espejo.

Estaba pálida, aunque sus ojos lechosos no pudieron comprobarlo.
La ventana estaba entreabierta... Pensaba haberla cerrado.

Corrió las cortinas y se echó sobre el diván. Su larga cabellera rojiza hizo simbiosis con el sangriento sofá.

Algunas tardes acudía al lugar un extraño cura que le hacía orar durante horas.
Le hablaba de Dios... de un Dios con mayusculas, de su poder... de su creación. De los hombres, de sus hazañas...
Del amor que sentían...
Peor también del odiom de la guerra de las que cosas que "Gracias a Dios" Según él. Sophie jamás comprobaría con sus propios ojos.

A veces le hablaba de Cristo, de todo lo que hizo y de su pasión, del dolor...

Dolor... tanto dolor como el que sentía ella, sin entenderlo, dolor sin marcas... dolor de soledad, de no poder huir, de no poder volar.

A veces cuando hablaba con su hermana le contaba sus pensamientos, su soledad.
Un día de esos que Sophie pasaba apoyada en la ventana sintiendo la suave brisa apareció Alice y de la mano se la llevó, le dijo que había tenido una gran idea..

Cuando volvió estaba radiante, le agradecía a su hermana haberla llevado allí.

Al parecer la había acompañado a un club de lectura, aunque al principio pensó que era una estupidez ¿Que haría ella allí?
Pero después de pasar la tarde, oyéndolos a todos, las historias, sus diversas opiniones cada una más interesante que la anterior.

Sus voces... sentía deseos de sentirles... de rozar sus rostros y sus manos... tocarles.


Deseaba que fuese ya el siguiente jueves para volver a aquel club al que con tanta facilidad le habian admitido.

Las visitas del párroco se volvieron extrañas.
Sophie había abierto su mente a una oleada de ideas que se alejaban quizás de un mundo con un Dios moviendonos como títeres.

Y así se lo intentaba explicar al pobre hombre que después de media docena de visitas le dijo a Alice que su hermana lo que necesitaba no era un cura, sno un exorcista contra ideas paganas.

Alice se disculpó pero no pudo sino sonreir cuando vio la sonrisa de Sophie, era tan bonita... ojalá ella también pudiera verse, sería todo tan diferente.

En vez de echarle la culpa de las malas palabras del hombre le besó en la mejilla y le contó que tenía un vestido perfecto para su reunión de mañana.

Una lágrima ciega cayó por su rostro, pero esta vez no fue de tristeza.

Al cabo de un par de meses ella no dejaba de hablar de Lucas, al parecer un hombre joven al que le encantaba dedicar su tiempo a Sophie.

Al principio Alice se mostró recelosa, pero después de conocerle, de ver su s ojos, su mirada... !Y como la miraba! Había adoración hacia su querida hermana.
Le traía flores, bombones, la llevaba a dar largos paseos por lugares a los que ni siquiera sospechaba que existieses.
Olores dulces, aroma a a flores a canela y a romero.

Cuando Lucas al fín se decidió a pedir la mano de su amada hubo una gran celebracióny pronto el diván, el tocador... fueron substituidos por rudimentarios muebles, la habitación se convirtió en una sala de costura que se utilizó en contadas ocasiones.


Fín capitulo segundo

viernes, 25 de enero de 2008

Tras las paredes

Capítulo Primero


De pronto alguien provocó que la luz inundase aquel lugar.

Apenas las paredes consiguieron parpadear y acomodar su colores a las necesidades de la penetrante luz, golpes de armarios y muebles variados estremecieron la antaño calma reinante del lugar.

- !Un excelente espacio! Si, creo que esta sera la adecuada.
Sin añadir nama más instantes después una señorita con cofia apoyó sus incómodods zapatos de trabajo en la empolvada moqueta de color apenas definible a primera vista.

Dos camas con grandes doseles ocuparon el centro de la estancia y antes de que las marcas de sus patas apareciesen la mujer ya había extendido amplias sábanas blancas que desprendieron un fuerte aroma a marsella.

Las almohadas con sus limpias fundas ocuparon su lugar y mantas rosadas cubrieron la cama.
Alguien llenó de pequeña ropa los cajones... e hizo desaparecer todo rastro de abandono del lugar.

Por último colocó sobre los camastros dos pequeños muñecos de trapo.
Se cerró la puerta... y todo rastro de vitalidad desapareció, la actividad en el resto de la casa no perturbaba la paz de aquellas paredes.

Alguien introdujo algo en la cerradura, de nuevo esta se abría auqnue esta vez sin apenas chirriar.
Dos torbellinos ocuparon con su presencia la estancia al completo. Se la lanzaron hacia sus muñecos y saltaron en la cama.
Pronto la doncella les mandó arreglarse para la cena...


Las aportaban colores al lugar, jugaban, danzaban cogidas de la mano...

A veces estiraban de algún muñeco o lloraban por algún vestido, nada fuera de lo común.

Un día de pronto una de ellas tosió y al abrir los ojos vió a su hermana mirarla asustada...
Tenía las manitas manchadas de sangre.

A partir de entonces todo se emborronó. D e pronto ya no solo la doncella pasaba por el lugar, si no que un gran número de hombres extraños y bien vestidos comenzaron a rondar.

Alguien dijo que llevaran a su hermana a otro lugar, lo que provocó llantos en aquellas niñas unidas desde el vientre de su madre.
Cuando se dieron cuenta del error de no separarlas las dos ya padecían febriles como estaban.

El padre enloqueció y en las noches desde el pequeño cuarto se le oía maldecir su suerte, primero su esposa y ahora sus pequeñas...

-¿Crees que nos pondremos bien?- Le inquiría cada tarde Maddie a Luise, sobre todo cuando la sombra naranja iba desapareciendo y recordaban como su padre las iba a buscar al jardín, las rescataba y las tumbaba en aquellas mismas camas adoseladas.
Pero ahora...

Al cabo de pocas semanas los lamentos eran insoportables, sus pulmones encharcados no les permitían pensar, sus penurias se grababan en las paredes...

La doncella gimoteaba, las niñas que ocn tanto amor había criado... No entendía las palabras que apenas se deducían de entre los términos científicos que los médicos diagnosticaban.

Maddie lloraba a todas horas, era tan grande el dolor...
Se metió en la cama de su hermana casi sin fuerzas para salir de la suya y la abrazó tan fuerte que le dolieron los brazos... y lloraron y los tosidosfueron cesando... el llanto se apagaba...
Y así, abrazadas, de la mano... se entremezclaron sus lágrimas y se cerraron al fin sus ojitos.

El cura solo alcanzó a darles la extremaunción y al abandonar el lugar con los ojos vidriosos solo alcanzó a mascullar una palabra.

-Tuberculosis...

Después de aquello la puerta se clausuró de nuevo.