Capitulo 3
Saltó y fue directa hacía la pequeña caseta abandonada a unos metros de allí.
Empujó la puerta y entró, no había más que una mesa para atrancar la puerta, sus fuerzas desfallecían pero lo consiguió y se escondió bajo la pila de la cocina, entre tuberías y trapos enmohecidos, su entrecortada respiración la delataba y el dolor punzante de la pierna la desesperaba.
Al saltar la tapia, ese pequeño muro que él mismo había mandado construir años atrás para evitar intrusos, solo vio el pequeño bosque, no reparó si quiera en la caseta, pensando que no sería tan tonta de acorralarse allí.
Pero al adentrarse al bosque escuchó el ruido de la mesa al desplazarse.
Y una sádica sonrisa apareció en sus carnosos labios.
De pronto Ana recordó otro fragmento del motivo por el que se encontraba allí.
Aquella fiesta… nadie sabía lo que realmente sentía por Paula, jamás lo hubiese imaginado nadie, que tras aquella inocente amistad se pudiera esconder algo.
Pero Paula no lo sabía, ni siquiera se le había ocurrido que su amiga del alma pudiera estar enamorada de ella, por eso no frenó a Fernando cuando este se acercó a su cuello y comenzó a besarlo, suavemente al principio, bajando poco a poco…
Ana que ya sabía que este estaba esperando su oportunidad, encendió su mirada al ver que iba hacía Paula, pero tenía otras cosas en mente.
Estaba preparando el momento de contárselo todo, irían ala playa al acabar la fiesta, quizás antes, ya tenía las toallas e incluso se había tomado la molestia de coger un bañador para cada una, aunque no pensara usarlo claro…
De pronto, al acercarse en busca de Paula no la encontró, no podía ser, quizás estuviera en el lavabo…
No hizo más que preguntar, pero nadie sabía responderle.
La ira le corría por las venas, ya no había sangre en ellas, solo ira y temor, tenía que encontrarla, el cava se calentaría…
Al preguntarle a Carlos, este no pudo si no que esbozar una amplia sonrisa, al comunicarle que al parecer cupido había estado ocupado.
Casi gritó de rabia y recorrió todos los rincones, las habitaciones, baños, ¡No estaba!
Salió a fuera y… no podía ser, ellos no estarían en…
Corrió hacía la playa, y los encontró allí en sus toallas, bebiendo su cava, retozando en la orilla, pero algo iba mal, Paula le gritaba que parara, pero ya era tarde.
Ana con el mayor ataque de celos que jamás hubiese tenido se abalanzó como una posesa encima de Fernando, asiendo la botella de cava y rompiéndola en su cráneo… oyendo huesos crujir, pero eso no era suficiente, clavó la botella rota en el vientre de este, una y otra vez hasta que Paula chilló tan fuerte que fue imposible no oírla.
Paró, y cayó en la arena agotada, una sonrisa se dibujaba en sus labios.


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