sábado, 9 de febrero de 2008

Mi historia de amor II

2 Parte

Todo empezó mucho antes de que aquel al que adoráis todas las noches buenas pisara la tierra.

Entonces yo era una muchacha que vivía en la antigua Grecia, mis padres tenían una buena posición y su hija o sea yo tenía una buena educación, aunque eso no era lo normal, las mujeres no solíamos ser educadas al igual que los hombres, pero mi madre no podía tener más hijos y el amor de mi padre hacia ella era tan grande que no quiso volverse a casar para conseguir tener un varón de descendencia, si no que hizo que los mejores filósofos me dieran clase y fuese yo, su adorada hija fruto del amor la que siguiera la estirpe familiar.

Cada día venían a casa varios maestros de los cuales aprendí el arte de la escritura y más tarde la ciencia me cautivó… no os imagináis lo que sentí cuando la iglesia enterró todos los conocimientos que durante siglos los griegos habían adquirido, mi alma se partió en dos cuando filósofos como Galileo fueron encarcelados… pero bueno eso es otra historia que quizás relate más adelante.

Ahora quería contaros como conocí a Ismael, el más bello soldado de todo el imperio.

Sus raíces célticas le habían proporcionado una larga melena rubia y unos ojos verdes en los cuales podías perderte y no volver jamás a respirar.

Su cuerpo estaba bien formado debido a los entrenamientos del ejército.

Un día había quedado a medianoche con Fariseo, mi profesor de astronomía para observar la colocación de las estrellas, así que salí en su encuentro cuando alguien me detuvo, no sabía quien era yo por supuesto, era muy extraño encontrar una muchacha sola en la intemperie de la noche.

Cuando me pidió explicaciones levanté el rostro para ver bien a aquel que me detenía y quizás excusarme porque tenía prisa, pero de pronto al encontrarme con su mirada mis palabras se atascaron en mi garganta, no podía articular palabra.

Al parecer algo parecido estaba ocurriendo en su interior pues por unos instantes que se antojaron eternos en que nuestras miradas se encontraron, las chispas que saltaron debieron de quemarme el vestido.

De pronto apareció Fariseo e interrumpió las escena, le dijo al joven soldado quien era yo y entonces él sin apenas poder decir nada se disculpó y se fue alejando.

Así fue como me enamoré, y así fue como perdí de vista a aquel que sería el amor de mi vida… al menos durante los próximos 2 siglos, que fueron los que tardé en encontrarle de nuevo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Este comentario va tanto por este escrito, como por el anterior!!
RELINDO!!
cris se escritora mecagondena ke se te da genial!! ^^
Bsazos!!